Con más del 70% de la población mexicana que profesa la religión católica y más de mil 400 millones de fieles en todo el mundo, la atención global se centrará el próximo miércoles 7 de mayo en El Vaticano, donde 133 cardenales de más de 70 países participarán en el Cónclave para elegir al nuevo Obispo de Roma, tras la reciente muerte del Papa Francisco.

El doctor Fabián Acosta Rico, investigador del Departamento de Filosofía del CUCSH y miembro del Centro de Estudios de Religión y Sociedad, destacó la relevancia política y social del próximo líder del Vaticano, independientemente de las creencias religiosas de la ciudadanía.

“El Papa es una figura con gran peso geopolítico. Se espera que quien suceda a Francisco continúe con su legado y enfrente los retos de la posmodernidad: guerras activas en Palestina y Ucrania, migración, derechos humanos y el impacto de las nuevas tecnologías”, explicó Acosta Rico.

México estará representado en el Cónclave por los cardenales Carlos Aguiar Retes y Francisco Robles Ortega; sin embargo, Acosta consideró poco probable que un latinoamericano ocupe nuevamente el trono de San Pedro. Los nombres que más suenan son el italiano Pietro Parolin y el filipino Luis Antonio Tagle, ambos cercanos ideológicamente a Francisco.

El doctor Heriberto Vega Villaseñor, investigador del Centro Universitario de Tonalá y también miembro del Centro de Estudios de Religión y Sociedad, subrayó el impacto del pensamiento jesuita del Papa Francisco en temas controversiales dentro de la Iglesia:

“Francisco rompió paradigmas con gestos simbólicos poderosos: bendijo a parejas homosexuales, lavó los pies de mujeres encarceladas y se manifestó en contra de políticas antimigratorias. El gran reto ahora es si la Iglesia continuará con esa apertura o dará un giro hacia el conservadurismo”.

Pese al avance de líderes de derecha en varios países, ambos investigadores coinciden en que el próximo Papa difícilmente será un tradicionalista, ya que el 80% de los cardenales con derecho a voto fueron designados por el propio Francisco.

“Es probable que se elija a alguien que continúe su línea progresista, aunque con matices más moderados. El peso de dos mil años de tradición está presente, pero el rumbo que tomó la Iglesia en la última década también dejará huella”, concluyó Vega Villaseñor.

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