¿Qué hacemos con un Chapala polarizado después de las elecciones?

0

Este artículo toma texto producido por las recomendaciones de Democracia Abierta en el marco del proyecto Elecciones Abiertas 2018.

Los partidos políticos parecen buscar  anotar un triunfo durante este período post – electoral: divide et impera (divide y vencerás), reza el dicho que se convirtió en estrategia.

La polarización en el ambiente político en Chapala, a unos cuantos días de los resultados electorales, se incrementa día con día financiado por quienes aspíran a que estos se modifiquen.

En redes sociales, las discusiones y desencuentros entre familiares y amigos se hacen públicas. ¿La razón? La elección de un candidato.

Elegir a un gobernante -especialmente si se trata el presidente que dirigirá a un municipio los próximos tres años- es una decisión crucial, sin duda, pero ¿en qué puede beneficiar a nuestro municipio los lazos rotos, el encono, la rabia y el odio? Es como si todos actuáramos como si el municipio se terminó el 1 de julio, el día de la elección, pero se nos olvida que habrá un país que seguir construyendo al día siguiente.

La polarización tiene buenas razones para existir: es a través de distinguirnos del otro que creamos una identidad y, por esto, atacamos a quien ponga en entredicho nuestra identidad.

¿A quién beneficia esto? A los candidatos, a los partidos. ¿Por qué? Porque entonces nos ponemos su camiseta, los defendemos, nos alejamos de los que opinan diferente y, por tanto, de las voces críticas, que cuestionan su actuar. Nos encerramos en una caja de resonancia junto con otros que piensan como nosotros.

La polarización no sólo enrarece el ambiente en el trabajo, con los amigos, con la familia. Mina a la democracia, no sólo a la que se practica el día de las elecciones, sino a la que se practica todos los días. Consigue que se nos olvide que el día de las elecciones es solo un fragmento del ejercicio democrático; la participación cotidiana es lo que realmente nos da a los ciudadanos el poder de ser dueños del espacio, del poder, eso es en realidad la democracia demos=pueblo, cracia=poder).

Por eso es que los mexicanos rebasamos -otra vez, y por mucho- a las autoridades el 19 de septiembre, cuando un sismo de 7.1 en la escala de Richter hizo retumbar la Ciudad de México y Puebla. Ese 19S, los mexicanos no pensamos en colores políticos, mucho menos en partidos, pensamos en el vecino que estaba debajo de los bloques de cemento.

Un puño se levantaba en alto y el silencio reinaba. No había palabras, solo un silencio que avivaba la esperanza y los oídos se aguzaban. Un puño en alto significaba esperanza; era la señal de que probablemente los rescatistas habían encontrado un sobreviviente bajo los escombros.

La gente reaccionó antes que los políticos (por los que hoy nos desbaratamos en defender o atacar), antes que el Ejército, antes que la Cruz Roja. El suelo aún se movía cuando ya sabíamos que íbamos a tener que levantar rocas. El conteo de muertos aún no era público cuando quien tenía algo lo ofreció para evitar, a como diera lugar, que ese marcador avanzara.

Estaba el dueño de la ferretería de la calle Sonora que sacó todo su inventario a la calle (desde martillos hasta carretillas o palas) para ayudar al rescate; el vendedor de tamales, que no dudó en dar su mercancía para que los voluntarios no desfallecieran ante el cansancio, hubo hasta agrupaciones de mariachis que fueron a dar lo que tenían: su música, para con sus notas hilar los ánimos en contra del cansancio.

Ese 19 de septiembre, en el que perecieron cerca de 400 personas en el centro de México, hubo más democracia que en los meses que duran las campañas electorales. ¿Alguna vez, después de las elecciones, recordaremos eso? ¿Recordaremos que fuimos el país en donde se pidió ya no salir a ayudar más porque éramos demasiados?

El 19S fue una cátedra de democracia, en donde lo colectivo se sobrepuso a lo individual. Fue hace nueve meses pero, en periodo electoral, parecen nueve décadas.

La polarización, por el contrario, es completamente antidemocrática, pues se basa en la invalidación de la opinión, sentir y aspiraciones de “el otro”, para privilegiar los propios.

El día después

La democracia no se ejercerá el 1 de julio, como si fuera fruta de un solo día. La democracia está en construcción permanente y lo seguirá estando un día después.

El 2 de julio, cuando todos los mexicanos despertamos sin razones para pelearnos porque las diferencias políticas se habrán quedado en las urnas, despertaremos de una resaca de odio, de otredad, de la que debemos ser capaz de levantarnos, pero será más fácil si comenzamos a reconciliarnos y respetarnos desde ahora.

Share.

About Author

Leave A Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.