Un murmullo de sorpresa recorrió silla por silla del auditorio Juan Rulfo, de Expo Guadalajara: desde el atril del presídium, Raúl Padilla López informaba la noticia que, desde el recinto ferial, comenzaba a sacudir a lectores de todo el mundo: la escritora española Almudena Grandes había muerto.

Así, con el público de pie guardando un minuto de silencio a manera de homenaje póstumo, arrancó la ceremonia inaugural de la trigésima quinta Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, que luego de un año vuelve a las actividades presenciales, y que en esta edición tiene a Perú como país Invitado de Honor.

Luego de repasar algunos aspectos generales del programa, el presidente del encuentro librero destacó que a lo largo de sus 35 ediciones “la FIL ha sido ave de tempestades que ha sorteado dificultades y amenazas”, para luego reivindicar el carácter revolucionario de la lectura y la vocación de la Feria como un espacio desde donde “se ha defendido la libertad de pensamiento. Es el momento de defender los libros y la cultura, de acuerpar a los editores. Lo que importa son los libros”, concluyó Raúl Padilla.

Después de la intervención de Padilla López, tomó la palabra Ricardo Villanueva Lomelí, rector de la Universidad de Guadalajara (UdeG): “Lo logramos, parecía increíble, pero aquí estamos”, señaló el rector, para luego invitar a los asistentes a poner “su celular en modo FIL porque vamos a despegar a un nuevo viaje”.

Por su parte, Gisela Ortiz, ministra de Cultura de Perú, agradeció la distinción que, por segunda vez, se otorgó al país sudamericano al nombrarlo Invitado de Honor, y señaló los hilos históricos y culturales que unen a los pueblos mexicano y peruano. Respecto a su participación en la Feria destacó el programa cultural que preparó la delegación y los 1,500 títulos procedentes de las 24 regiones del país, que se podrán consultar en su pabellón.

La ceremonia inaugural cobijó la entrega del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, que en su edición 2021 fue para la escritora chilena Diamela Eltit por “la profundidad de su escritura única que renueva la reflexión sobre la literatura, el lenguaje y el poder”, según leyó Lorena Amaro, en representación del jurado de este año.

Después, Javier Guerrero leyó la semblanza de Eltit destacando que Lumpédica, su primera novela, le ganó un lugar en la neovanguardia chilena de los años ochenta. También puso de relieve la poética de la narradora que calificó a Diamela Eltit como “una dadora de palabras. Cada novela es una lengua distinta”.

 Luego de recibir el Premio FIL, Diamela Eltit pronunció un discurso fruto de “flujos de memoria que traen a mi mente sucesos imposibles de encadenar de manera lineal”, donde recordó su visita a Guadalajara para la entrega del Premio Rulfo a Nicanor Parra; sus lecturas de la obra de Juan Rulfo, sus nociones de la literatura. También hizo un llamado a “desbiologizar las letras, hay que fijarse en las poéticas, no en las biologías”.

El encargado de declarar formalmente inaugurada la Feria fue Sergio Ramírez, quien se encuentra exiliado de Nicaragua por ser perseguido del régimen. El nicaragüense habló de su país a partir del poema “Alta traición”, de José Emilio Pacheco, y dedicó un homenaje a los libros y su biblioteca, que describió como “un bosque donde ahora todo está en silencio. Los libros están exiliados en su propia soledad”.

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